
Los peces fósiles son de las piezas más codiciadas, tanto por coleccionistas interesados en paleontología como por curiosos que saben apreciar la estética y la historia detrás de este legado de un pasado remotísimo (hablamos de unos cincuenta millones de años, ¡ahí es nada!).
Empecemos por el principio ¿cómo se forman estos fósiles?
Sencillamente, el pez es enterrado por toneladas de sedimentos, que se acumulan en el tiempo. De esta forma, el peso del sedimento va haciendo que las capas se compriman cada vez más, mientras los minerales presentes en el agua se van depositando en el organismo en descomposición, llenando las cavidades. Este proceso en el que los minerales sustituyen la materia orgánica se denomina «permineralización». El sedimento, que en un primer momento era como «barro», se va endureciendo en un proceso que se conoce como «litificación».
¿Qué tiene que ocurrir para que un pez fosilice?
Tomemos por ejemplo los peces más abundantes en el mercado del coleccionismo de fósiles, los que proceden de Wyoming, Estados Unidos.
Hace 50 millones de años, en el Paleógeno, en esa área de Norte América ahora conocida como Green River Formation, que abarca varias zonas de Utah, Colorado, y sobre todo Wyoming, existía un lago de aproximadamente 4000 Km2, del que casi la mitad se preserva como sedimentos fosilíferos a día de hoy. La particular química del lago impidió la descomposición de muchos de los organismos que lo poblaban, mientras capas y capas milimétricas de caliza y organismos se iban acumulando en un ambiente sin oxígeno, dando como resultado unas calizas laminares que contienen unos especímenes de peces fósiles extraordinariamente bien preservados, como puede observarse en las imágenes.



Desde el descubrimiento de estos yacimientos en siglo XIX, millones de peces fósiles han sido recuperados, así como plantas, insectos, crustáceos, anfibios, e incluso algunos mamíferos similares a las actuales nutrias, caballos, murciélagos.
Dentro de los peces las dos especies que más habitualmente se encuentran en el mercado son los Knightia (Knightia alta, Knightia eocaena), y los Diplomystus dentatus, siendo menos habituales, pero también de gran belleza e interés los Mioplosus, (que curiosamente suelen encontrarse con otros peces en la boca), los Phareodus, etc.


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